El Triunfo del Caos (Las Cronicas de Dragonlance)

Su gran ventana se abrió y el pueblo comenzó a gritar y rebelarse, pero ella buscaba algo, buscaba el motivo de la rebelión. Me buscaba a mí. Y me encontró con facilidad pues mi música, como ya dije, sonaba constantemente. Furiosa, llamó a sus acólitos y cientos de magos emprendieron la salida de la torre de Nuitari. Cuando esto sucedió, demostramos nuestro poderío al disparar la catapulta la cual hizo que la torre vibrase cuan cuerda de lira al ser tocada. Los magos por fin salieron armados de sus hechizos y conocimiento superiores de táctica y estrategia. Al fin y al cabo no dejaban de ser un ejército mágico. Poco después, la desmoralización llegó a mi eje. Las fuerzas de la rebelión se desplomaban sin poder hace mucho por ayudarles. No obstante, fue entonces que decidí otorgarles con un poco de valor e inspiración divina gracias a una canción que hablaba del Valiente Caballero que lideraba su frente: Dreyfus. Y con las primeras notas de mi lira me limité a hacer una simple sugerencia:


-No sería ahora apropiado el que alguien – refiriéndome a Dreyfus- clamase algo así como: ¡A la carga! Y otros similares…

-…Pero… – el caballero de Solamnia no estaba del todo convencido…

-Dreyfus…- insistí con mi mejor sonrisa, e indicando con un gesto a la multitud que le miraba esperando órdenes.

-…¡Al Ataqueeee!

La lucha comenzó, y fue ardiente. Ante nuestras tropas, Ladonna levantó un escudo protector para impedir el ataque de la catapulta sobre la torre. También envió a sus golems de arena al frente. Mi canción surgió efecto sobre los hombres de la ciudad y arremetieron tal y como pudieron. Pero nuestros enemigos  eran duros de roer para los pueblerinos con sus azadas y sus pinchos de madera. Por tanto, tuvimos que repartirnos con el apoyo, intentando aportar nuestras dotes donde fuese más necesarias. Por desgracia, un mago consiguió salirse del tumulto y localizarme. Decidió oportuna el lanzarme una bola de fuego. Reconoceré que me impresionó, y que comencé a creer que quizá no había sido una buena idea organizar esta revuelta. No obstante, soy una mujer de recursos así que,  entonando una contra oda, conseguí disminuir el tamaño de la bola que seguía aproximándose, muy a mi pesar. Doy gracias a Branchala, señora de los bardos, ya que, una vez más, mi amigo Zrack se encontraba en mi cercanía, y cogiendo a un moribundo del suelo, lo lanzó contra la bola de fuego, impactando el hombre contra el hechizo que no llegó a tocarme. Con un gesto, le di las gracias y con las mismas el continuó matando y yo, tocando.

El enfado de la Túnica Negra era notable. Tangible incluso. De repente y sin ningún preaviso, al ver que sus tropas empezaban a escasear, levantó unos 12 necrófagos cerca de donde mis compañeros y yo nos encontrábamos utilizando sus artes en necromancia. Dreyfus y Zrack se abalanzaron a por ellos, y un minúsculo kender recién aparecido que también se unió al batallón. Minutos después cuando intentaba robarme mis cosas, conocí  que su nombre era Dip. Poco después Dreyfus trató llevar a cabo un intento desesperado. Al desembarazarse de unos 4 necrófagos y dejando que el amigo enano se cargase y disfrutase destrozando a  los demás, sacó arco y flecha y disparó la saeta directa a Ladonna. Como era de esperar la flecha no la tocó, pero si la enfureció aún  más. Realizando un gesto con las manos, lanzó tres flechas mágicas contra el caballero, que se refugió detrás de un cadáver para evitarlas, y una vez pasó el contra ataque, se levantó y se encogió de hombros aun “conversando” con la maga a modo de <<Había que intentarlo>>.

Como era de esperar, las tornas cambiaron y a pesar de ser muchos, las cosas se pusieron feas para nuestro bando. La catapulta se atascó, los magos parecían no acabarse y las gentes del pueblo parecían estar hechas de paja. Pero, fue entonces cuando esa voz llego una vez más a mí. Su propósito era claro. Mi música cesó durante unos instantes, a modo de un pequeño descanso para que, aunque fuese quizá por última vez, mis dedos pudiesen interpretar La Melodía. Y antes de entonar cantico ni nota alguna dije:

-¿Me pregunto cómo invocar las historias de grandiosos señores, de edades sombrías y propósitos ambiciosos? – entonces Zrack rematando a un necrófago, y Dreyfus se volvieron hacia mí. Por sus miradas intuí que sabían a que me refería – es más Zrack posiblemente se planteaba por qué no lo había hecho antes. Y ahora, mirando ya a Ladonna pronuncie unas palabras que desconozco si oyó o no – Me cuestiónate a mí y, sobretodo, cuestionaste el poder de aquel al que yo sirvo. Bien. Pues sin más espera te mostraré pues, el poder que vigila mis pasos y que se alza por encima de todo…

Cerrando los ojos, y aferrándome a mi lira como si fuese mi único apoyo, las primeras notas surgieron de ella. La victoria se aproximaba cuando mis cuerdas vocales entonaron una serie de escalas ascendentes y descendentes, para dar lugar a la canción nunca antes tocada al completo.

…So I’ve started to sing…

La música continuaba, el cielo se ennegrecía, y las sombras lideradas por nuestro recién encontrado Belthar se sumaron a la batalla- como consiguió liberar de su cautiverio es algo que desconozco. Aún quedaba esperanza en mi canción. Y era cierto pues, cuando ya desesperada creía mi melodía en vano, que vi desaparecer el escudo que protegía la torre. Entonces, sin saber muy bien que hacia grite:¡Disparad la catapulta! Dreyfus se giró mirándome con expresión incrédula…¡DISPARAAAAAAAADDDD! El grito llegó hasta Ámbar y el pequeño kender que tiraron y tiraron de la soga para lanzar la piedra. Y por fin con el último tirón, la piedra se dirigió hacia el mismo balcón de Ladonna, rompiendo y provocando gran estruendo con el impacto en la torre. Y esta…comenzó a derrumbarse y las piedras a caer.

Todos empezaron a correr. Dreyfus me llamó mi nombre para que me apartase. Zrack de hecho intento llevarme arrastras. Sin embargo, yo estaba decidida a quedarme hasta acabar la canción, hasta que la última piedra hubiese caído. Tras tocar la última nota, me coloqué frente al que una vez fue el balcón de la antigua y destrozada torre de Nuitari, y realicé una solemne reverencia, pues es elegante y grandioso despedirse a lo como es debido. Sobretodo después de tal espectáculo. Seguido de esto, me giré y puse rumbo fuera de la ciudad para reunirme con mis compañeros.

Mis pasos ahora solo Branchala (y quizá Raistlin) los conoce. Mientras mi destino aguarda, mi curiosidad innata se plantea cosas, tal vez sin importancia.  Pero, no creáis que es el fin de la historia, ni mucho menos, es más bien el principio del comienzo. Parece ser que la primera llave era la de la enfermedad, la cual padecí al igual que muchos otros habitantes de Nuevo Puerto. La segunda  era la llave del odio. No estoy segura de poder considerar como odio la reacción de los pueblerinos hacia los magos y el gobierno de su ciudad. Quiero decir, estaban afectados, pero hasta qué punto implante dudas en sus mentes, o simplemente tire de sentimientos ya existentes, es algo que no puedo entender completamente.

No obstante…

.¿…Quizá fuese odio lo que Me llevase a destruir su torre…?

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F I N

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