La Mejor Barda de Todo Krynn (Las Cronicas de Dragonlance)

 El siguiente texto es la primera parte de una campaña de rol que jugamos por el año 2004-2005. La partida estaba basada en una serie de canciones del grupo de power metal Helloween, el cual nos gustaba bastante a mi grupo de amigos. Canciones como Keeper of the Seven Seas o King for a Thousand Years, inspiraron a nuestro master para crear esta historia. Mi personaje, es uno de mis favoritos hasta la fecha: la barda Eltheryn, la mejor barda de todo Krynn (ahora ya sabéis de donde viene la referencia). Sus características salieron brutales. Ya que la campaña duro bastante tiempo, y como barda que era, me dedique a escribir la historia…desde mi punto de vista… 😉 (Es bastante realista, a pesar de todo…)

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Episodio 1

Mi nombre es conocido en cientos de lugares por todo Krynn: Eltheryn, la barda del pelo ardiente, adoradora de Natura, portadora de música, fiel y leal servidora de Branchala. Sin embargo, la aventura que recoge los hechos más importantes de mi vida aún no se conoce… Creo que es hora de que se comiencen a divulgar los hechos que una Elfa tiene que contar…

Aún recuerdo el día que les conocí. Inútiles. Ilusos ilusionados les llamé…y eso siguen siendo hoy en día, aunque han sabido mostrarme su aprecio y algunos se han ganado el mío. Se trataba de un elfo Qualinesti tirado en el suelo, y un enano oscuro que se encontraba saliendo de un bosque. Belthar y Zrack eran sus nombres. Me dispuse a acompañarles hasta el pueblo próximo…pero jamás imagine que mi destino sería acompañarles hasta aún más lejos. Belthar había sido desterrado de su tierra. Al parecer estaba acusado de asesinato, homicidio…algo así. Zrack…era y es un mundo aparte. Los elfos nunca comprenderemos del todo a los enanos. Belthar se disponía a ingresar en la torre de Alta Hechicería de Wayreth…Aja…Había topado con un mago incompetente. Del otro no queda nada más que decir que era un bárbaro…

El único problema que había en esta “formidable” aventura era que para llegar al bosque de Wayreth, había que cruzar territorio Qualinesti, y si fuésemos sorprendidos (tal y como ocurrió) en compañía del exiliado, a la presencia de “Su Grandiosa Señoria, El Orador De Los Soles, Señor De Quolinost” fuimos enviados. Belthar y el enano fueron puestos bajo vigilancia, pero mi osadía frente al Orador me llevo a los calabozos. A pesar de ello salí victoriosa gracias a mi música. Resulta que los Qualinesti no tienen tan mal oído como yo pensaba y quedaron realmente fascinados. Así que, una vez en libertad confronte al Orador, y tras unas palabras con él, ocurrió lo que era de esperar, y es que la música amansa a las fieras. Por tanto, bajo vigilancia, atravesamos el territorio elfico para adentrarnos en Wayreth. Durante 3 días buscamos la torre, pero a la tercera noche fue ella la que nos encontró. Era majestuosa sin lugar a dudas; solemne. Nunca olvidare la inmensidad de tal lugar. El elfo pidió una audiencia con el todopoderoso archimago Par-Salian, el cual denegó su petición de realizar la prueba de entrada a la academia – por ser, como bien he definido anteriormente, incompetente. No obstante, nuestra visita no terminó ahí: un oscuro y peligroso camino nos esperaba al revelarse el siguiente secreto en audiencia con el archimago…Pues las 7 llaves encerradas, escondidas y por siempre ocultas, estaban siendo buscadas por aquel cuya grandiosidad es aun superior a la de tal archimago. Su presencia sería tangible incluso en sueños.

Nuestro destino eran las 7 llaves de los 7 mares, y un nuevo compañero era necesario para ayudarnos en esta misión. Fue entonces cuando se nos presentó a Dreyfus, un aspirante a caballero de, como no, las tierras de Solamnia. El asunto no parecía muy complicado: recoger las llaves y llevárselas a Par-Salian. (Easy peasy que diríamos en mis tierras). Y así, de pronto aparecimos en las proximidades de Nuevo Puerto, pues la primera llave se encontraba allí. Y junto a ella se encontraba un curioso ser. El guardián de las 7 llaves, que con una alegre canción nos explicó el destino de las llaves y donde encontrarlas…En forma de clave. Por supuesto. En vez de una aventura, nuestro cometido pronto se convirtió en un puzle. Una vez recogida la llave, nos dispusimos a pasar unos días en Nuevo Puerto y regresar con la llave a las estancias de Wayreth. No obstante, creo recordar que no fue algo tan sencillo como lo quisimos imaginar. En el transcurso del viaje, una de las noches haciendo escala antes de llegar a la ciudad, una voz vino a mí. La recuerdo como si fuese ayer: joven, apasionada y entregada a una causa…Su dueño era de aspecto anciano a pesar de su jovial voz, e iba encapuchado en negro con una larga vara rematada en una pequeña bola de cristal. Su piel, dorada como el lucero del alba, y bajo su capucha sus negras pupilas, relojes de arena. Y en sueños me dijo así:

¿Así que te gusta cantar? Escucha mi canto sin parar. Quizás de mí te enamores y aquello que quiero me otorgues…

Una oscura y embelesadora música surgió de la nada…Y sin poder evitarlo, cambie el destino…De todos.

Me desperté intrigada con aquella canción nunca antes escuchada todavía rondando por mi cabeza. Retomamos el camino y llegamos a la ciudad. Allí, en una taberna sucia y mal oliente un joven semi-humano Qualinesti se nos unió como explorador. Recuerdo que al salir de la taberna para encaminarme a la plaza del pueblo, fui asaltada por 2 hombres encapuchados. Pero aquel no fue su día de suerte. De la que pude, grite el nombre del caballero de Solamnia y, mientras mis gritos aún les carcomían los oídos, apunte con mi arco haciéndoles retroceder. Desafortunadamente (para ellos, claro) hubo una muerte innecesaria: si el buen idiota no hubiese hecho ademán de intentar huir, aun seguiría vivo…o no. Supongo que nunca lo sabremos. A mi grito acudieron el caballero con el resto de la partida, apresando al que seguía con vida. La guardia de la ciudad se llevó al delincuente y nosotros nos encaminamos a la plaza del pueblo, donde toque unas canciones y recibí buena propina por parte de mis oyentes. Sin embargo, el honor del caballero nos arrastró a otras partes. Nuestro “héroe” era necesitado por una anciana, la cual…como explicároslo…para mí la adorable viejecita no tenía credibilidad alguna…pero los humanos son tan manipulables…Así que abandone mi show, quedando en deuda con el pueblo y prometiéndoles un gran espectáculo si encontrasen a otro bardo con el que tocar.

La viejecita nos llevó a una extraña tienda de antigüedades donde supuestamente su hijo estaba trabajando como un negro…Todo mentira. El dependiente era un clérigo con bastantes malas pulgas. La vieja; su mujer también clériga un tanto arisca. Como añadido, su hijo resulto ser Una Mala Bestia (hombre lobo…). En un principio, nos superaron en fuerza y fuimos apresados. Mientras parte del grupo estábamos atados en la trastienda, aún quedaban libres el afortunado mago y nuestro recién encontrado gnomo. Ahí fue cuando descubrí realmente el gran poder al cual había prometido servir. De repente, comencé a entonar la misma canción de mis sueños, sin apenas recordarla, y conseguí liberarme de mis ataduras. Con las mismas, procedí a  soltar a mis compañeros y combatir a los clérigos. Salimos victoriosos, pero aquella casa guardaba un secreto que no podíamos ignorar. En el sótano había una sala a la cual no podíamos acceder. Aquello parecía el mismísimo infierno pues la temperatura era similar y el olor…aproximado. El caballero me cedió la llave para adentrarla con la ayuda de mi magia en la sala. ¿Cuál fue el resultado? La llave se agrando y en ella aparecieron escritas las siguiente palabras: “Disease, disease, disease my friend for this whole world’s in devil’s hand. Disease, disease, disease my friend, throw the key or you may die…”

Las palabras halladas en la llave fueron el principio de la pandemia que acabábamos de desatar, pues aquella era la llave que infestaría al mundo de enfermedad, y la causante de la muerte de las gentes de Nuevo Puerto. Y yo, como portadora de la llave en ese momento, enfermedad también padecí. No recuerdo bien como Sali de aquella habitación. Es posible que mis compañeros me tuviesen que arrastrar. Tengo recuerdos de extrañas alucinaciones…Tal ve estuve al borde de la muerte. No obstante, mi mal fue curado por la pócima milagrosa de un druida de la ciudad que cuidó de mí durante unos días. Y fue a la salida de su casa, ya con la partida reunida, cuando la cola de enfermos demostró que los efectos de nuestra mal pasada eran muy reales.

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